Con una postura generalmente coincidente con las políticas del kirchnerismo, pero manteniendo un perfil independiente que no lo inhibe de criticar o reclamar por ciertas posturas éticas, Víctor Hugo se ha transformado en algo así como un límite sobre hasta dónde puede llegar el gobierno. Cuando manifiesta una disidencia, en las filas kirchneristas saben que…

Con una postura generalmente coincidente con las políticas del kirchnerismo, pero manteniendo un perfil independiente que no lo inhibe de criticar o reclamar por ciertas posturas éticas, Víctor Hugo se ha transformado en algo así como un límite sobre hasta dónde puede llegar el gobierno. Cuando manifiesta una disidencia, en las filas kirchneristas saben que se está expresando un malestar de una importante porción de su electorado: no la del peronista clásico, sino ese público de ideología centro-izquierdista, de alto nivel educativo y deseoso de ver a la gestión de Cristina Fernández de Kirchner como una revolución en marcha.

Por eso, la presidenta argentina entendió el mensaje. Hasta para los kirchneristas más fanáticos se hacía difícil de justificar y defender un llamamiento a librar la “batalla cultural” en contra de la dolarización cuando los propios funcionarios declaraban tener sus ahorros en la moneda estadounidense.

Las infortunadas declaraciones del senador Aníbal Fernández la semana pasada (“tengo dólares porque se me antoja y no pienso venderlos”) fueron la gota que derramó el vaso. Y Víctor Hugo se lo hizo saber a la presidenta, con un reclamo por la pesificación voluntaria de los ahorros.

La presidenta contestó públicamente el mensaje, prometiendo pesificar su plazo fijo de US$ 3 millones que figura en su declaración jurada. Manifestó su expectativa de que también Víctor Hugo tuviera un gesto similar, lo que el periodista respondió enseguida desde su cuenta de Twitter.

Y todos los funcionarios que aplaudieron el anuncio de Cristina en la Casa Rosada (con Aníbal Fernández en primera fila) supieron inmediatamente que se espera de ellos la misma actitud. Tal vez muchos, calladamente, hacían cuentas sobre cuánto les costará este gesto político.

Porque lo grave no es tener que ahorrar en pesos, sino que los dólares sean convertidos a la paridad oficial de 4,50 pesos en vez de los 6 pesos a los que cotizó el “blue” en el mercado paralelo. Es decir, automáticamente perdieron 25% de sus ahorros.

La polémica que por estas horas tiene lugar en las redes sociales, en las oficinas y en la city porteña es si el anuncio de la presidenta es beneficioso o se transformará en un búmeran. Porque los ahorristas que tienen dólares en el sistema bancario vienen haciendo retiros a un ritmo superior a 50 millones diarios, asustados por los rumores sobre medidas intervencionistas.

Ahora, con la presidenta anunciando que pesifica su plazo fijo y llamando a todos los argentinos a imitar su ejemplo, estos ahorristas cuentan con un motivo adicional para sospechar que sus dólares no están seguros en los bancos.

Lo curioso del caso es que los dólares que están en el sistema (11.000 millones) son una parte ínfima de los dólares que los argentinos tienen en el “colchón”, y que, según estiman los economistas, asciende a 190.000 millones, lo que equivale a 40% del PBI nacional.

Es decir, hay un castigo implícito hacia los pocos ahorristas de dólares que están en los bancos (de los cuales, además, menos de la mitad está en plazos fijos), que son los que le han creído al gobierno su versión de que no habrá una pesificación compulsiva.

Cálculo en dólares
Hay, de todas formas, cierta lógica política en el anuncio de Cristina: pretende diluir los rumores sobre una inexorable devaluación brusca del peso. Y como prueba de esa confianza, pone su propio dinero en moneda nacional. En los últimos días han arreciado los informes y diagnósticos de los principales economistas, en el sentido de que el atraso cambiario es agudo y que la paridad tendría que estar en no menos de 5 pesos por dólar.

Esos analistas pronostican un rotundo fracaso del gobierno en su batalla cultural en contra de la dolarización. Creen que, al contrario de lo que dice Cristina, el motivo por el cual atesoran billetes verdes no es cultural, sino que responde a la más pura racionalidad económica.

En un contexto inflacionario, y en un país con la historia de ajustes bruscos y confiscaciones que tiene Argentina, tener dólares es la forma de defender el patrimonio.

La presidenta argumentó que ahorraba en dólares por tradición pero no por conveniencia porque los plazos fijos en pesos rinden más interés. Seguramente no advirtió lo contradictorio de su planteo, porque solo quienes piensan en dólares pueden sostener que es mejor tener pesos.

Ocurre que las tasas de plazos fijos son fuertemente negativas si se las compara con la inflación. Los bancos pagan 10% anual en un país que espera una inflación de 25%. De manera que para quien solo piense en pesos no hay incentivo al ahorro.

Por el contrario, solamente pueden acercarse a los bancos aquellos que miden su patrimonio en dólares: esos comparan la tasa del plazo fijo en pesos contra la tasa devaluatoria, y entonces concluyen que es buen negocio recibir 11% porque el dólar solo se movió 7%. Contra la inflación perdieron, pero su patrimonio medido en dólares ganó.

Resta saber si ahora, que el tipo de cambio oficial se está moviendo más rápido y podría tener un deslizamiento de 15% en el año, las tasas de los plazos fijos también se moverán en consecuencia, y saltarán hasta un nivel que vuelva a hacer rentables las colocaciones.

Con la alta liquidez del sistema, que mantiene las tasas de interés en torno de 10%, no parece probable en el corto plazo. Ahí sí se pondrá a prueba la fe de los argentinos, ya no solo en la marcha de la economía, sino también en las estadísticas oficiales, porque la tasa le ganaría únicamente a la inflación medida por el cuestionado Indec.