Delegado Empleador, Dr. Juan Mailhos. Sesión plenaria de la 105° Conferencia Internacional del Trabajo que se realiza en Ginebra.

Sra. Presidente,
Sres. Vicepresidentes,
Sres. Delegados a la 105° Conferencia
Internacional del Trabajo

La Memoria que este año ha presentado el Director General, denominada “La iniciativa para poner fin a la pobreza: la OIT y la Agenda 2030”, presenta desafíos sustantivos a los gobiernos, trabajadores y empleadores de nuestros países.

El Director General ha señalado que busca obtener orientaciones sobre lo que la propia OIT debe hacer y nos instó a que expresemos nuestras opiniones de manera franca y concreta.

Observamos que la Agenda 2030 otorga un reconocimiento inequívoco y explícito a la actividad empresarial privada, la inversión y la innovación, como factores claves para la productividad, para el crecimiento y para el empleo, y en consecuencia, para el desarrollo sostenible y la reducción de la pobreza.

Valoramos esa mención que a nosotros nos parece obvia, pero que en ocasiones, en algunos de nuestros países es polémica.

El papel de las empresas y los empresarios en nuestras sociedades es muchas veces relegado y puesto en forma antagónica a los de los trabajadores.

Sin embargo, el crecimiento y la creación de puestos de trabajo requieren necesariamente de un buen desarrollo de la actividad empresarial, solo así podrá concretarse el objetivo de Trabajo Decente.

Asimismo, como representante empleador, insistimos en destacar la importancia de la Declaración sobre las Empresas Sostenibles, adoptada en esta casa.

Teniendo también en cuenta la “Iniciativa para el Futuro del Trabajo” que presentó el año anterior el Director General, creemos que la OIT tiene que adoptar un rol protagónico, proactivo y pragmático en materia de normativa y de relaciones laborales.

A modo de ejemplo. La OIT es imprescindible a la hora de estudiar en profundidad las relaciones existentes entre la legislación laboral y los impactos que ésta genera en el desarrollo empresarial y en el empleo.

En muchos de nuestros países, la aplicación en la práctica de las normas laborales constituye un verdadero incentivo para que las micro y pequeñas empresas abandonen la formalidad, pasando a desempeñar sus actividades en la precariedad, donde no existe ningún tipo de derecho ni de protección social para sus empresarios y trabajadores.

Hablamos de sistemas protectores de derechos que son diseñados muchas veces de forma ineficiente económicamente.

No discutimos los derechos protegidos.

Es necesario entonces, evitar los efectos económicos no deseados de las normas laborales que luego, directa o indirectamente, contribuyen al llamado “crecimiento sin empleo”.

Otra instancia que entendemos debe abordar la OIT, refiere a la vigencia y validez de las normas internacionales del trabajo.

A diferencia de ciertos convenios que son ampliamente apoyados y rápidamente ratificados en el mundo, encontramos otros que luego de años o incluso de décadas, son ratificados por muy pocos países.

Ejemplo de ello lo constituyen a nuestro juicio, el Convenio Internacional del Trabajo 158 y el Convenio Internacional del Trabajo 169.

Nos preguntamos si ello no es un indicador de por sí muy poderoso y más que suficiente, para constatar que algo falló o al menos, no fue lo esperado al momento de aprobarse el convenio.

Es necesario que la OIT encienda una luz amarilla en estos casos e incluso, alerte explícitamente a los países sobre el poco respaldo que ha tenido un convenio en el mundo.

Frente a los vertiginosos cambios que se ven en el mundo laboral, no es conveniente aprobar mecanismos obsoletos de protección de derechos.

Es necesario que la OIT escuche las necesidades de cada país y aplique criterios rigurosos en su accionar.

En ciertos casos, ante una situación de gravedad, parece más efectivo el apoyo directo e inmediato al país o región, que el impulso de un convenio o recomendación. La OIT debería evaluar con ponderación esas situaciones e innovar en la búsqueda de soluciones, evitando caer en la tentación de legislar para la excepción.

La OIT podría poner en práctica una austeridad normativa, y simultáneamente buscar la excelencia en la aplicación real de los derechos.

Hoy nos sorprende a todos, Sra. Presidente, una Conferencia sin papel y que culmina sus labores en dos semanas, más eficiente.

Creemos que la OIT es capaz de alcanzar estándares de excelencia y de lograr una sinergia creativa entre gobiernos, empresarios y trabajadores, a través del dialogo efectivo, lo cual es imprescindible para un desarrollo empresarial sostenido, para lograr el trabajo digno y que todas las personas tengan una oportunidad.

Eso es lo que espera el sector empresarial uruguayo.

 

Muchas gracias.