A manera de introducción diría que cuando miramos la economía, la tenemos que observar como una sola. No podemos hacer un análisis exclusivamente sectorial o decir que es importante promover tal sector, porque necesariamente estamos olvidando a los otros. De esa postura surgen una serie de propuestas que hemos estado desarrollando en los últimos años…

A manera de introducción diría que cuando miramos la economía, la tenemos que observar como una sola. No podemos hacer un análisis exclusivamente sectorial o decir que es importante promover tal sector, porque necesariamente estamos olvidando a los otros. De esa postura surgen una serie de propuestas que hemos estado desarrollando en los últimos años y que tienen consecuencias fundamentalmente en la política económica.

El tema de hoy es la reactivación.

Más que comentar el documento de trabajo de Cinve, que es una excelente presentación, voy a compartir con ustedes algunas reflexiones sobre temas que creo deberían estar en la agenda, no en la de muy largo plazo sino más bien en la de corto plazo, porque van a ser fundamentales para definir el Uruguay de mediano y largo plazo.

Ahora estamos empezando a ver síntomas de reactivación en algunos sectores: las exportaciones, claramente en el sector agropecuario, en algunas industrias, aunque todavía no se percibe en el mercado interno. Estamos nuevamente en la cruz de los caminos. ¿Nos conformamos con esa reactivación mediocre que vamos a tener al influjo de que Argentina o Brasil estén un poco mejor? ¿Nos conformamos con el crecimiento nacional derivado de que Argentina no se mande ninguna prueba más y que no tenga inestabilidad política y que más o menos logre formalizar un concordato con sus acreedores, que no le implique una sangría demasiado fuerte de sus divisas y que Brasil siga en esa senda que aparentemente ha iniciado de crecimiento.? ¿Nos conformamos con ese crecimiento mediocre que, como muy bien señaló Fernando Lorenzo, es el que ha marcado la historia económica del Uruguay? Porque es bien triste la historia económica nacional. Creo que es hasta más triste de pronto que la de un país que fue pobre y a de a poco está creciendo y todavía no logra estándares de vida buenos, pero tiene una tendencia positiva. La historia de Uruguay es exactamente al revés. Nosotros arrancamos a final del siglo XIX con niveles de vida similares a los de los primeros países del mundo y más adelante, por distintos errores, fundamentalmente de política macroeconómica, hemos perdido ese nivel de vida y hemos quedado en una situación mediocre. Somos mediocres: lo que crecemos en un quinquenio lo perdemos en el siguiente, y así, o bien debido a un estancamiento como el que sufrimos después de la guerra de Corea hasta el año 1974, o bien por crecimientos y caídas, Uruguay no logra pasar esa valla de un pobre crecimiento del PBI per capita.

La reflexión es ésta: si esta crisis no nos sirvió ni siquiera para darnos cuenta de que algo tenemos que cambiar, de que algo estructural tenemos que cambiar, entonces no hemos aprendido nada. Es cierto que la resistencia al cambio es muy fuerte, porque de alguna manera hay un equilibrio, pero debemos ser conscientes de que ese equilibrio que hay es perverso para el crecimiento futuro del país.

Voy centrar mi exposición en cinco puntos.

Los mecanismos de mercado

El primero de ellos es la confianza en los mecanismos de mercado. Es decir, tomemos una decisión: o somos una economía de mercado o no somos una economía de mercado. Pero Uruguay siempre estuvo en medias tintas. Nos decimos liberales, pero cada vez que la autoridad puede, interviene en el mercado y distorsiona los precios relativos y controla hasta las compras de dólares de los fondos de pensión. Somos partidarios de la economía de mercado pero no perdemos la oportunidad de ser intervencionistas, y en forma a veces alarmante en los últimos años.

Primera cosa, entonces: debemos tomar una decisión. O hacemos una economía dirigista, o creemos en los mecanismos de mercado y en el papel subsidiario del Estado, con el Estado haciendo aquello que el particular no puede o no debe hacer.

Por más que parezca que esto es demasiado teórico, son cosas que tenemos que poner arriba de la mesa porque en el día a día se ponen en tela de juicio estos conceptos. Y cada vez que tuvimos una intervención estatal, en el tema de política comercial, o en el tema de política monetaria, una intervención mas allá de lo que la pauta ortodoxa diría, lo que se está cuestionando en definitiva es cuál es el papel del mercado y cuál el papel del Estado en la economía.

Lo mismo ocurre cuando hablamos de los servicios públicos, de las empresas publicas. ¿Cuál es el papel del Estado? ¿Es defender Ancap y defender a UTE? o, por el contrario, ¿es defender al usuario? Porque cuando uno escucha lo que dicen las autoridades de los entes autónomos, queda la sensación muy clara de que tienen que defender al ente y a la empresa en la que están. Lo cual es muy bueno, ¿pero quién defiende al usuario? ¿Quién defiende al consumidor, para que tenga accesos a servicios de calidad y a precios internacionales? ¿La unidad reguladora? Puede ser, no lo sé. En algunos casos ha ocurrido así, mientras que en otros no necesariamente ha ocurrido de esa manera.

¿Tiene sentido que el Estado siga gestionando empresas públicas? ¿Tiene sentido que las gestione buscando el bienestar de las empresas y no el del usuario?

La inversión

El segundo punto es la inversión. Tenemos que hablar de la inversión como inversión en sí misma y de la inversión y su financiamiento.

En cuanto a la inversión de riesgo, creo que nuevamente si estamos en una economía de mercado debemos respetar el derecho básico de la economía de mercado que es el derecho a la propiedad. Y eso no se hace. Un día sí, y otro también, en el Parlamento se pone en tela de juicio nada menos que el derecho de propiedad, con proyectos de ley de refinanciación o suspensión de ejecuciones que hacen mucho daño. Hace un tiempo el Dr. Ramón Díaz, antes de que dirigiera el Banco Central, decía que cuando salen ese tipo de proyectos de suspensión de ejecuciones, después no prosperan pero es como cruzar una calle que está rodeada de francotiradores con mala puntería: ¿usted la cruzaría? Y ese es el inversor. El inversor ve que a la larga esas locuras no salen, pero permanentemente están en el tapete.

El inversor, en un país de poco más de 3 millones de habitantes, con el Mercosur que va y viene, y que no termina de darnos la escala con la que pensábamos ganar, ¿pues ese inversor va a venir acá con el riesgo permanente de que le estén violando el derecho de propiedad?

Eso desde el punto de vista de la inversión.

Financiamiento de la inversión

Desde el punto de vista del financiamiento de la inversión, nuevamente, ¿cuál es la estrategia que tenemos? ¿Tiene sentido que el Uruguay haya abierto el nuevo Banco Comercial? Es más eficiente que Uruguay diga: tengo una banca extranjera, con respaldo internacional, que si no es por riesgo político, va a responder hasta el último peso, como efectivamente lo hizo, y una banca estatal que estoy fortaleciendo con una serie de reestructuras que se están haciendo en el Banco de la República y esperemos que se hagan a fondo en el Banco Hipotecario y van a tener que venir también en el Banco de Seguros. ¿Pero tiene sentido, de pronto por no tener un enfrentamiento con un sindicato, mantener otra estructura que por ahora es estatal, que no sabemos qué va a pasar y que cíclicamente nos da problemas?

Uno puede cometer nuevos errores, pero no debería cometer los mismos.

Apertura comercial

El tercer punto es el tema de la apertura comercial. Entiendo un poco la posición que planteaba Cinve de que tenemos un destino en el Mercosur. No es necesariamente el destino más óptimo de un país de las dimensiones de Uruguay, habida cuenta de la escasa vocación de apertura que tienen nuestros socios. Otra cosa sería si nuestros socios tuvieran una vocación un poco más de mercado, pero todo indica que nunca la tuvieron y menos ahora con los actuales gobernantes que claramente tienen en sus cabezas unas ideas económicas bastante más vinculadas con la economía cerrada que las que podrían tener los anteriores gobiernos.

Si aceptamos la integración en el Mercosur, entendemos que Uruguay no debería dejar de presionar -sabemos que en la medida de su pequeña dimensión, con posibilidades bastante escasas- para tener un Arancel Externo Común lo más bajo posible. No digo que lo logre pero al menos el hecho de que lo tenga claro sería, para mí, un paso importante. Respecto al ALCA, a la relación con la Unión Europea, nuevamente el papel de Uruguay es presionar para que el Mercosur no sea una zona cerrada en sí misma, sino que sea un primer paso para el escenario óptimo, que para Uruguay significa estar abierto al mundo.

El peso del Estado

El otro tema que, a mi juicio, es uno de los más medulares, porque tiene consecuencias económicas pero también tiene consecuencias sociales muy fuertes, es el del peso del Estado en la economía. No estoy hablando de los servicios públicos, sino del peso del Estado como tal.

En este caso tenemos nuevamente dos caminos. Como dicen ahora “a la uruguaya”, un término al que cada vez le tengo más fastidio, ya que significa “mediocre”: ajusto los salarios de los funcionarios públicos y las pasividades muy por debajo de la inflación. La inflación es 20 % o algo más y se les da un incremento de remuneraciones de 2% o menos. Eso es un ajuste por precio.

Si se miran las metas económicas, el compromiso que tenemos con el FMI, es para este gobierno, para el próximo y para el otro.

¿Políticamente es posible resistir una puja redistributiva cada tres meses donde yo estoy dando un aumento tan sensiblemente inferior a la inflación, que repercute en las pasividades, etcétera.? ¿O es más sano hacer un ajuste por cantidades y tener el lío una sola vez? Pienso que es más sano el ajuste por cantidades porque además si lo hago, si lo implemento con un seguro de paro generoso, yo cierro una serie de estructuras, de ministerios, de unidades ejecutoras, etcétera, y lo implemento con razonabilidad, con un seguro de paro que sea de un año y medio a dos años, no importa, ya me estoy ahorrando todos los gastos de funcionamiento que no es poca cosa y un porcentaje por diferencia entre el seguro de paro y el sueldo.

Esas son las cosas que se tienen que discutir y no descalificarlas, no decir por ejemplo que “en Uruguay eso es políticamente inviable”. ¿Acaso es políticamente viable esta sangría cada tres meses de tener un lío con los funcionarios y pasivos? ¿O de tener una apreciación cambiaria debido a una política monetaria porque es la única manera que a mí me cierren las metas, porque de otra manera no me cierran? ¿Eso es políticamente viable?, ¿prolongar una recesión con tasas de interés elevadas?

Insisto en ese punto porque tiene consecuencias económicas: estamos hablando de que si se cierran ocho ministerios, que son ministerios sectoriales, además del Ministerio de Defensa, estamos ahorrando 500 millones de dólares por año, sin tocar las inversiones del Ministerio de Transporte. Y si en la transición yo doy un seguro de paro generoso durante dos años, por ejemplo, igual el ahorro es de 150 millones de dólares por año. Estas cifras no son menores.

Eso en cuanto a las consecuencias económicas. Respecto a las consecuencias sociales acá tenemos dos países. Hay un país que tiene desempleo, que tiene baja de salario nominal, no real, que tiene una incertidumbre brutal, que es el sector privado; y hay otro país que tiene empleo asegurado, un ajuste que es magro pero que al menos existe, escasos incentivos para la productividad. Y eso a la larga es un conflicto social, por más que me digan que las familias coexistan trabajadores del sector público y del privado. Porque a la larga un país se quiebra con una situación así. Si esta crisis no sirvió ni siquiera para darnos cuenta de que uno de los problemas estructurales que tenemos que resolver es ése, pues de bien poco nos sirvió.

Lo último que quería mencionar es que coincido con lo que decía Fernando Lorenzo de que no podemos esperar que por el lado bancario venga la solución crediticia y por eso es que hay que ensayar nuevos instrumentos. El que está ahora en el Parlamento, el instrumento de fideicomiso, es un instrumento que ha servido para salir de las crisis a muchos países que tuvieron una crisis financiera importante. Pienso que es un instrumento que hay que seguir con atención y que hay que tratar de aplicar lo más rápido posible. Pero el país es uno solo. Puedo crear un instrumento formidable, darle los incentivos fiscales adecuados, pero si simultáneamente estoy tocando el derecho de propiedad, o simultáneamente la presión fiscal es insostenible y para sostenerla hay una serie de distorsiones que el gobierno tiene que hacer, entonces de bien poco sirve.

Creo que hay que mirar el país como uno solo, no son tantas las cosas que hay que hacer sino que son profundas.

* María Dolores Benavente es Economista, Licenciada en Economía. Actualmente se desempeña como Asesor Económico de la Cámara Nacional de Comercio. Es Directivo de la Academia Nacional de Economía y Docente. Consultora de organismos internacionales y empresas privadas. Es Vicepresidente de República AFAP S.A.

Preguntas de los participantes

 

 

En la hipótesis planteada de reducción de los funcionarios públicos, ¿qué sucedería con esos funcionarios, pasados esos dos años de seguro de desempleo? ¿Si no llega la reactivación, no pasarían a engrosar el número de desempleados?

María Dolores Benavente: Justamente, si en dos años no pasamos la etapa de recesión, ahí vamos a tener problemas más serios que éste que estamos viviendo. Puse dos años para poner una cifra. Probablemente sea menor, dada las perspectivas que uno tiene. Creo que es imprescindible hacer algo para dar un norte al sector privado, y que de alguna manera se le va a empezar a bajar la presión fiscal, sea impuestos a las retribuciones personales, sea aportes patronales, porque hoy el único que los está pagando es el sector comercio y de servicios, nada menos que el mayor empleador de la economía. Eso tiene efectos virtuosos porque permite bajar la presión fiscal y empezar a reactivar.

 

 

¿La reforma de la seguridad social se podrá mantener con los actuales índices de emigración, desempleo de afiliados, creciente precariedad, pasajes de muchos salarios altos y buenos aportantes a unipersonales? ¿ Existen planes para poder desarrollar con los fondos de los asociados, fondos para generar auto empleo de esos aportantes?

María Dolores Benavente: Cuando hablamos de seguridad social tenemos que pensar en el régimen en su conjunto, que puede tener los problemas de escaso número de contribuyentes por pasaje de la informalidad o unipersonales que no tributan, todos esos problemas que no son problemas inherentes a esa reforma sino que son mucho más profundos, que afectan tanto al pilar de reparto como al pilar de capitalización. En cuanto a la emigración, eso puede afectar al pilar de reparto pero no al pilar de capitalización. No olvidemos que en el pilar de capitalización justamente la persona ahorra para sí misma, para su propia jubilación, con lo cual se independiza de aspectos demográficos o de aspectos de emigración o lo que fuera. El tema de la emigración claramente puede afectar y de hecho en emigraciones pasadas fue estudiado ya que afectó al pilar de reparto. Ahí vendrá toda la discusión sobre si el pilar de reparto está muy alto y si está muy alto ese salario o no. Es otro tema.

En cuanto a la posibilidad de inversión de los fondos, para auto empleo, es como una paradoja. Los fondos previsionales en este momento tienen, en disponibilidad transitoria, alrededor de 200 millones de dólares. Hay que pensar con criterio de “hombre prudente” ¿dónde pondría el dinero?. ¿Lo va a prestar al Estado otra vez? ¿Lo va a prestar a los bancos, al consumo, a la empresa? Por eso nos parecen tan importantes algunos instrumentos como el fideicomiso, porque permite financiar buenos proyectos a empresas fundidas o empresas con malos balances.

Respecto al tema del autoempleo, debería haber fondos cerrados para Pymes. De hecho, Julio de Brun, cuando estaba al frente de la Corporación Nacional para el Desarrollo, tuvo la idea de desarrollar un fondo cerrado de inversión para pequeña y mediana empresa. Hay que estudiarlo. Salió el Fondo Lechero con gran sacrificio, hemos trabajado tratando de sacar un Fondo de Tierra. Y va a cumplir un año un trámite iniciado en el Banco Central para sacar un Certificado representativo de inversión para exportación. En momentos en que la exportación no cuenta con post financiación, con garantía de carta de crédito, la división jurídica del Banco Central opinó que eso era como invertir en el exterior y como está prohibido que el fondo previsional invierta en el exterior, no lo deja prestar a los exportadores.

En una reforma como la de la seguridad social, y creo que esa y la del puerto han sido reformas bien hechas, porque se pensó en todos los aspectos, después la tiramos por la borda porque el fondo previsional no puede invertir ni un milésimo en el exterior. Estamos casados con el riesgo país. ¿Es justo eso? ¿Ustedes, a título personal, en el momento del riesgo país más alto, no hubieran invertido algo en el exterior?

Son esas cosas en que vemos que somos partidarios del mercado pero hasta por ahí nomás.

Por otro lado me pareció interesante lo que preguntaban recién respecto a si el hecho de la sucesiva refinanciación en el agro habrá incidido o no en esa buena performance que tuvo el sector. Es curioso, pero capaz que no. Porque resulta que si son 57 mil empresas en el agro y sólo 18 mil son clientes del Brou, posiblemente toda esa laxitud y esa falta de respeto al derecho de propiedad haya redundado en que nadie le quiera prestar a los otros que no estaban en esa situación. ¡Qué perversos que operan a veces los lobbies! Porque los lobbies se concentran, presionan y obtienen una refinanciación que los beneficia a ellos pero perjudica a otros, que son muchos más, pero que son una mayoróa silenciosa, que no está explícita. Debemos recordar que cada vez que tocamos algo, cada vez que nosotros intervenimos para darle a un sector, necesariamente vamos a tener que sacarle a otro y eso no es explícito en esta sociedad. Hay una maraña de transferencias implícitas que sería hora que se destapara.

Ec. Maria Dolores Benavente