Uruguay ya está pagando las primeras costosas cuotas de una deuda a largo plazo, contraída por su incapacidad para mejorar el sistema educativo

El conocido problema de la escasez de mano obra calificada fue precisado en una encuesta realizada por la Cámara Nacional de Comercio y Servicios (CNCS), cuyos resultados fueron evaluados en un reciente simposio sobre educación. El 52% de los 366 empresarios consultados señalaron formación técnica y académica insuficientes de los empleados jóvenes que contratan y apenas el 9% encontró que esos niveles son satisfactorios. El 54% de los empresarios dijo que los jóvenes de hoy “están nada preparados o muy poco preparados” para su ingreso a cada firma en el mercado laboral. El precio de esta grave falencia fue enfatizado en el seminario por la empresaria Inés Arrospide, quien señaló que “empresas de renombre quisieron instalarse (en Uruguay) y hemos visto con dolor que se han tenido que ir porque no encontraron los recursos (humanos) necesarios”. Ana Laura Fernández, asesora económica de la CNCS, destacó que Uruguay sigue agudamente retrasado en materia de competitividad global, ocupando el puesto 80 entre 144 naciones. Si bien en la competitividad inciden diversos factores, uno gravitante es el bajo nivel promedio de competencia en formación para el trabajo, ya sea en profesiones, oficios u otras funciones. El 96%, o sea la casi totalidad de los empresarios, señaló la falta de responsabilidad en encarar y cumplir sus tareas como la carencia más grave en el personal joven, seguida por la incapacidad y la falta de iniciativa para asumir el desafío de funciones nuevas. Estos elementos, junto con los estudios en todas las ramas de actividad, integran la formación responsable de quienes se incorporan a cualquier tipo de empresas. Su ausencia es una consecuencia directa de un sistema educativo anclado en el atraso y el pasado. La encuesta no discrimina entre jóvenes provenientes de la enseñanza pública y la privada. Pero como esta última representa menos del 20% del estudiantado en todos los niveles, la responsabilidad mayor recae obviamente sobre la estructura pública. Los intentos de reformarla para adecuarla a las exigencias del mundo actual se arrastran a los tumbos desde hace muchos años. Cuando José Mujica asumió la Presidencia en 2010, su enfática prioridad fue “educación, educación y más educación”. Acordó con todos los partidos con representación parlamentaria un programa de cambios que hoy, cinco años después, sigue virtualmente en la nada, excepto por algunos modestos planes piloto basados en el Plan Promejora y otras iniciativas. La resistencia de los sindicatos docentes y la incapacidad de las autoridades para superarlas y sacar adelante las reformas acordadas determinaron que la enseñanza pública en todos los niveles, especialmente en el crucial período de secundaria, quedara empantanada. El nuevo gobierno se ha comprometido a salvar esas vallas, aunque ya enfrenta acusaciones de violar la autonomía de la ANEP y sus consejos, prerrogativa útil si fuera utilizada para mejorar pero perjudicial cuando se la usa para frenar avances. De que la administración Vázquez cumpla sus anunciados objetivos, en la tarea en la que fracasó la de Mujica, dependerá que la estructura educativa comience a producir personal que nos ponga a rueda del mundo desarrollado en vez de anclarnos a su cola. EL OBSERVADOR | OPINION | 02/06/2015 | Pág . 9