Allí nos enteramos que tiene un peso equivalente al 10% del PBI. La evasión fiscal en esa actividad se calcula en unos $ 400 millones. Nadie puede pensar que un fenómeno de tal volumen sea espontáneo y no esté organizado. Resulta digno de mayor asombro la comprobación de que esta forma de actividad comercial, francamente…

Allí nos enteramos que tiene un peso equivalente al 10% del PBI. La evasión fiscal en esa actividad se calcula en unos $ 400 millones. Nadie puede pensar que un fenómeno de tal volumen sea espontáneo y no esté organizado.

Resulta digno de mayor asombro la comprobación de que esta forma de actividad comercial, francamente abusiva, ha conseguido ganarse respetabilidad y respaldo suficiente para defenderse hasta ahora con éxito. Los más seducidos (o entregados…) parecen ser algunos Intendentes Municipales (con la anuencia cómplice o simplemente ineficaz de la aduana). En unos departamentos más, en otros menos, casi todos toleran en ! algún lugar la venta en la calle de prácticamente cualquier artículo. No hace falta viajar al interior: la medalla de oro se la lleva la Intendencia de Montevideo. Aquí se ha gastado mucho dinero público para arreglar la avenida 18 de Julio, pero como las autoridades comunales no se atreven con los ambulantes la avenida, no obstante los nuevos faroles y arbolitos, conserva su aire del Chuy, con sus vendedores de coderas, posamates, regatones y bagayos surtidos. Pero lo menudo de los artículos no debe hacer pensar en minimizar las cosas: son 2.000 millones de dólares al año que circulan en las sombras.

La tolerancia y las proverbiales franquicias de que goza esta situación se deben a dos malas interpretaciones: una de ellas es, supuestamente, ética y la otra es política. La primera consiste en sostener que la condescendencia y el mirar para otro lado es una muestra de sensibilidad social superior, porque los ambulantes son pobres y los comerciantes establecidos son ri! cos. La segunda interpretación parte del supuesto de que los informales son más numerosos, todos votan y hay que cuidar esos votitos. Ninguna de las dos interpretaciones es verdadera. Lo peor del caso es que muchas veces estas falsas justificaciones son aceptadas no sólo por los jerarcas municipales y los dirigentes que toman las decisiones sino también por los propios comerciantes establecidos que, en virtud de ello, protestan poco y, al final, cansados, consienten (o abren una ‘sucursal’ en la vereda).
A poco que se reflexione se advertirá que esto no es, en realidad, una cuestión de pobres contra ricos o de un intendente con más sensibilidad social que otro; es una cuestión de poder, de un poder escondido que se disimula tras un justificativo social falso pero vistoso. Se trata de la imposición de un sector sobre otro (no sobre la autoridad o el fisco) y de hacer prevalecer sus intereses sobre los del otro sector y sobre toda la comunidad.

Y todo esto, aunque ! a Ud. le parezca una exageración, nos lleva al tema de la democracia y a las complicaciones que se producen con la paulatina erosión de la legitimidad institucional y política en las sociedades actuales. Téngase en cuenta que corporativismos de toda laya se están multiplicando cada vez más en el seno de la sociedad y actúan con la más fría prescindencia del bien común. Son grupos de intereses específicos que, a fuerza de presión consiguen imponer sus puntos de vista.

La legitimidad en una democracia se apoya sobre instituciones representativas de las mayorías, las cuales tienen legitimidad porque han derivado de alguna forma de participación y sufragio abierto a todos. Estas otras organizaciones, roscas, lobbies o camarillas de poder, se establecen por cuenta propia, se definen como se les antoja, se autoencargan de los cometidos que se les ocurre, y no se sujetan a ningún mecanismo formal de legitimación. No es ésta una cuestión accesoria: se trata de lo que alguien! llamó con justeza la devaluación del contrato social. Este tipo de comportamientos, mezcla de atropello y de avivada, desconoce los acuerdos básicos de una sociedad y termina envenenando lentamente al sistema social en su conjunto.