CONSULTORA SERAGRO El tema del precio de la carne vuelve a estar en el candelero. A partir de una pequeña suba en el precio de algunos cortes, volvió a encenderse la mecha del polvorín popular, con los carniceros como voceros oficiosos de las amas de casa y de los consumidores indignados. Solamente el plebiscito del…

CONSULTORA SERAGRO

El tema del precio de la carne vuelve a estar en el candelero. A partir de una pequeña suba en el precio de algunos cortes, volvió a encenderse la mecha del polvorín popular, con los carniceros como voceros oficiosos de las amas de casa y de los consumidores indignados.

Solamente el plebiscito del domingo próximo pudo convocar más atención de los medios en estos días.

La decisión ministerial de prohibir la importación de carne argentina o brasileña, para no arriesgar una eventual desavenencia de los compradores estadounidenses, frustró nuevamente la posibilidad de abaratar algunos cortes de alto consumo.

La diferencia de precios con los países vecinos es importante; además de lo informado de la precios en la frontera brasileña, impresionan las ofertas de los supermercados argentinos —en particular, la cadena Coto, especializada en carne—, que publicita cortes de trasero de novillo a una cotización equivalente a $ 50 el kilo, o carne picada de primera a $ 30, por ejemplo; precios ubicados a distancias siderales de lo que tienen que pagar los uruguayos por la misma mercadería (seguramente de calidad inferior).

La explicación es siempre la misma: son varios los factores que interactúan.

EXPORTACION. En primer lugar, el aumento de precio al abasto de la carne es la contracara de las mejoras en la exportación, en particular desde que entramos a EE.UU., pero también debido a la valorización de los cortes Hilton para Europa y, en general, de la suba de valores en todos los destinos. Obviamente, esos aumentos se trasladan a lo que se vende en el mercado interno, porque se están exportando todos los cortes, sin restricciones, y no habría motivos para vender internamente a menor precio del que puede obtenerse en el exterior. Los países vecinos no acceden al mercado del Nafta, y por eso tienen precios del ganado y de la carne inferiores.

El precio promedio de la carne exportada en noviembre llega a U$S 1.437 la tonelada carcasa, cuando el promedio del primer semestre del año fue apenas de U$S 1.018. El aumento equivale a 41 % en dólares.

PRECIO DEL GANADO. El otro factor determinante en la fijación del precio de la carne es el precio del ganado, en particular del novillo, que constituye cerca del 80 % del total de las medias reses que se vuelcan al abasto. A su vez, la mayor parte de la carne que compran las carnicerías son medias reses (aunque los cortes venían incrementado su participación, por lo menos hasta que sobrevino la crisis). La gráfica es explícita en cuanto muestra la evolución de los últimos seis meses del precio del novillo, en una figura casi idéntica a la del abasto. En ese período, el novillo subió un 50 %, aunque en determinado momento alcanzó a un 65 % desde que se inició el proceso, a principios de junio.

OFERTA. El nivel de la oferta, el volumen de haciendas embarcadas, también incide en la formación de los precios. Puede recordarse que en determinado momento se pensaba que en octubre se iba a regularizar el mercado, porque la oferta de ganado se iba a recomponer, aumentando fuertemente los volúmenes que en esos días alcanzaba. Tal cosa redundaría en una baja de los precios de la hacienda primero, y de la carne después. La posibilidad de contar con cortes excedentarios de la exportación —como los tradicionales asados, que no sirve desosar por su bajo rendimiento de carne por kilo—, también estaba entre las aspiraciones de los carniceros para poder mejorar sus ventas. La realidad no convalidó esas expectativas, y el ganado siguió subiendo hasta entrado el mes de noviembre, no aumentó sustancialmente la oferta (y por tanto la faena), y los asados se exportan fluidamente a la región a precios crecientes por la proximidad de las fiestas de fin de año.

DEVALUACION. Otro factor que interviene en la construcción del mercado interno de carne es el tipo de cambio, ya que el ganado se compra en dólares y la carne se exporta también en dólares, pero al público paga pesos en el mostrador de la carnicería. Y también este factor ha presionado al alza. Luego de haber alcanzado valores cercanos a los 30 pesos en abril, el dólar se planchó: en junio cerró el mes a $ 27,05. Después de varios meses de estabilidad, en los últimos dos meses se movió al alza, y cerró noviembre a $ 28,9, lo que representa casi un 7 % de suba en ese período.

INGRESOS. La carne subió de precio en estos meses, como todos sabemos, pero lo sustancial en la ecuación de consumo de carne sigue siendo la brutal caída en el ingreso de las familias, que se registró en el último año y medio; después de todo, la carne simplemente recuperó valores que había perdido.

Afortunadamente, la caída en los ingresos de los hogares parece haber llegado a su fin, y aparecen datos que sugieren que se revierte la tendencia, como se explica en profundidad en el suplemento Economía y Mercado distribuido con El País del día de ayer.

Baja en pesos

Desde mediados de octubre hasta ahora, el precio al carnicero de la carne en gancho, en planchada de frigorífico, bajó un 5,4 % en pesos, aunque algunos cortes individuales subieron, al compás de los negocios externos.