Fue como el despertar de un largo, larguísimo y pesadillesco sueño. Un turf glorioso, formidable en gestación de figuras extraordinarias —equinas y sobre todo humanas— había quedado sumergido en la depresión colectiva más profunda y triste, donde las penosas situaciones vividas por todos los sectores de sus fuerzas vivas no terminaban de comprenderse. Por qué…

Fue como el despertar de un largo, larguísimo y pesadillesco sueño. Un turf glorioso, formidable en gestación de figuras extraordinarias —equinas y sobre todo humanas— había quedado sumergido en la depresión colectiva más profunda y triste, donde las penosas situaciones vividas por todos los sectores de sus fuerzas vivas no terminaban de comprenderse. Por qué tanta pasión, tan profunda afición, —ese capital enorme de vocación y de entrega al mundo mágico del caballo pura sangre de carrera— tuvo que soportar la injusticia de un estado de postración y desamparo absoluto, era la pregunta sin respuesta que había abatido todos los ánimos, todo intento de revivir jornadas de gloria.

Con la reapertura del hipódromo de Maroñas, los turfistas tuvieron un sentimiento unánime: la pesadilla había terminado. “¡Esto es un milagro!” decía la gente. Y no dejaban de tener razón, observando estos tiempos de crisis atroz, que ahondaban aún más la del turf mismo. Maroñas había pasado de ser la zona que más se había empobrecido, a la ahora seguramente más pujante, o por lo menos más alegre y optimista de Montevideo.

Con la obra emprendida y aún en pleno desarrollo, Hípica Rioplatense Uruguay S.A. se ganó ayer el respeto y el reconocimiento de un pueblo que demostró que sigue sabiendo admirar las causas nobles y buenas del turf por todo lo alto. Con el mismo sentimiento que viene desde los lejanos tiempos en que preclaros y apasionados hípicos forjaran uno de los hipódromos mejor concebidos del mundo, el deseo de todos es ahora el de respaldar —cada uno desde su puesto— semejante esfuerzo.

De los detalles que conforman el nuevo Maroñas, su modernización con todos los elementos de una tecnología de última generación, EL PAIS ya ha dado en los últimos meses abundante información. Lo que el público hizo ayer, fue corroborarlo y disfrutarlo a pleno. Y lo nuevo que hoy podemos decir es que todo lo que se había dicho, hasta pareció poco. Fue la de ayer una jornada de reencuentros; de resurgimiento de emociones únicas y adormecidas. Maroñas inició una nueva era, en medio de colectivo regocijo.