El país ha logrado un exitoso canje de parte de su deuda externa. Este hecho debe ser visto como un reconocimiento de los acreedores locales e internacionales a un país que siempre ha cumplido con sus obligaciones y que en este aspecto ha demostrado una conducta ejemplar, aún en medio de una de las peores…

El país ha logrado un exitoso canje de parte de su deuda externa. Este hecho debe ser visto como un reconocimiento de los acreedores locales e internacionales a un país que siempre ha cumplido con sus obligaciones y que en este aspecto ha demostrado una conducta ejemplar, aún en medio de una de las peores crisis financieras, económicas y sociales de su historia.

Este canje de deuda permite al país un alivio financiero importante, especialmente en materia de amortizaciones, con reducción de compromisos del entorno de los US$ 350 promedio en los próximos años.


No debemos olvidar que el primer plan financiero del gobierno, presentado al FMI no incluía este reperfilamiento. Debido a ello, se establecía la necesidad de generar un superávit fiscal primario (antes del pago de intereses) muy elevado (de 4,2% durante varios años). El FMI no creyó posible esta conducta fiscal y por eso recomendó el canje.

Los nuevos supuestos del Gobierno acerca del superávit fiscal primario son menores, arrancando de 2,5% y llegando gradualmente a 4.25%.


Relativizando esta evolución, con un superávit primario de poco más de 3% en el 2003 y de 2% de allí en adelante, estimaciones privadas sitúan la deuda sobre el PBI bajando desde un 92% en el 2002 a un 55% en el 2010: DENTRO DE DOS GOBIERNOS.


Sin embargo, es necesario recordar que el canje es condición necesaria pero no suficiente para que el país supere la crisis que atraviesa.

Las autoridades han apostado a no hacer reformas estructurales del Gasto público. En otras palabras, se están realizando los ajustes más por precios (salarios públicos y pasividades reducidos y cayendo en términos reales) que por cantidades (supresión de Ministerios, unidades ejecutoras, privatización de empresas públicas, etc.). Esta manera de encarar el ajuste es intrínsecamente conflictiva en forma no muy aguda pero sí permanente (en oportunidad de cada ajuste de salarios) y requiere de una fortaleza importante en las autoridades para no ceder a las presiones contínuas.

Y esta fortaleza, deberá ser la de este Gobierno, la del próximo y la del siguiente…… porque si no, los números no dan y hacia el 2010 – 2011 en que se concentran nuevas amortizaciones fuertes (más de 1000 millones de dólares entre los dos años) existirán nuevamente problemas de financiamiento.


Por eso la Cámara siempre ha sido partidaria de un ajuste por cantidades: más drástico al comienzo, pero que da respiro hacia adelante y que si se realiza con inteligencia, puede minimizarse en su impacto social.

Si se eliminan los Ministerios sectoriales y el Ministerio de Defensa, se generan ahorros en valores del año 2001 (último año con cifras oficiales) por más de 400 millones de dólares en gastos corrientes y más de 140 millones en inversiones (sin reducir las del Ministerio de Transporte y Obras Públicas). Llevado a cifras del 2002 resultaría en un ahorro total de algo menos de 400 millones de dólares aproximadamente. Si los dos primeros años  se continúa pagando el salario de los trabajadores (un 80% de su sueldo), igualmente el ahorro supera los 170 millones de dólares anuales. Y a partir del tercer año, el ahorro sería por la totalidad de la cifra (en torno a los 400 millones de dólares). Parte se puede destinar a aliviar la presión fiscal de empresarios y consumidores y parte a reforzar las partidas de policía, salud, educación.

No entendemos por qué no se eligió este camino que fue esbozado en la Rendición de Cuentas elevada por el Poder Ejecutivo y lamentablemente no aprobado en el Parlamento.