La revuelta popular que ha derrocado en menos de un mes a los presidentes tunecino y egipcio podría propagarse a otros países árabes si no se aplican reformas rápidamente, estimaron los analistas. El dilema de los dirigentes árabes consiste en “optar rápidamente por un cambio liberal o correr la misma suerte que los de Túnez…

La revuelta popular que ha derrocado en menos de un mes a los presidentes tunecino y egipcio podría propagarse a otros países árabes si no se aplican reformas rápidamente, estimaron los analistas.

El dilema de los dirigentes árabes consiste en “optar rápidamente por un cambio liberal o correr la misma suerte que los de Túnez y Egipto”, advierte Anuar Eshki, director del Instituto de Medio Oriente de Estudios Estratégicos.

Obligado a renunciar después de 30 años en el poder, Hosni Mubarak -al igual que el tunecino Zine El Abidine Ben Alí, que huyó de su país el 14 de enero pasado tras 23 años en el cargo- cedió a la presión de la calle pero también a la de Estados Unidos, del que era el aliado árabe más cercano, indica Eshki.

Sublevado por la corrupción, el desempleo y la injusticia, “el ciudadano árabe ya no es el mismo de hace dos meses” y “demostró que podía derrocar un jefe de Estado al cabo de dos o tres semanas de manifestaciones”, manifiesta, por su parte, el director del Centro Carnegie para Oriente Medio, Paul Salem.

Las sublevaciones populares en esos dos países “tendrán repercusiones en el conjunto de la región”, sostiene, en tanto, el ex ministro jordano Saleh Al Qallab. “Estados Unidos, que alentó el cambio en Túnez y en Egipto, va a intentar hacer lo mismo en otros países árabes”, agrega.

“¿A quién le toca? Nadie puede predecirlo”, apunta el ex ministro, aunque excluye a Arabia Saudita, donde, según entiende, “un proceso de reformas iniciado por el rey Abdalá avanza lentamente debido al peso de la tradición y la religión”.

“Estados Unidos buscará evitarle a las monarquías del Golfo cualquier cambio brutal que pudiera perturbar el aprovisionamiento en petróleo de la economía mundial”, dice Eshki. Pero al mismo tiempo “va a aconsejarles que inicien reformas o aceleren su aplicación”, explica.

“El viento del cambio va soplar en esos países. Si sus dirigentes no toman la iniciativa, los pueblos se encargarán”, insiste Eshki.

Según Salem, para Arabia Saudí la caída de Mubarak va a “agravar el desequilibrio en la relación de fuerzas a favor de Irán”, que sueña con un “Medio Oriente islámico”. El experto asevera que la alianza de los países árabes con Estados Unidos va a debilitarse a favor de una cierta autonomía basada en el modelo turco”, pero indica que “esos países no tienen otra opción que permanecer en el regazo estadounidense”.

israel. El gobierno del Estado hebreo se mantuvo siempre contrario a las manifestaciones contra el régimen de Mubarak en Egipto por temor a que movimientos islamistas radicales tomen el poder y rompan el tratado de paz de 1979 entre ambos países.

Sin embargo, el ministro de Defensa israelí, Ehud Barak, afirmó que, pese a la caída de Mubarak, “no existen riesgos en las relaciones entre Israel y Egipto”.

No obstante, para Barak, “los verdaderos vencedores de una elección a corto plazo serán los (islamistas) Hermanos Musulmanes, quienes están listos para ponerse en marcha”.

Por su parte, el primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, saludó las “garantías” otorgadas por el Ejército egipcio, según las cuales El Cairo continuaría respetando el tratado de paz. El acuerdo permitió al ejército reducir su dispositivo a lo largo de los 240 kilómetros de frontera con Egipto y redesplegarse en el frente norte y territorios palestinos.

De todos modos, el gobierno israelí decidió designar al general Benny Gantz como nuevo jefe del Estado Mayor de las Fuerzas Armadas. “Su nombramiento va a permitir asegurar la estabilidad en el seno del ejército, algo particularmente importante dado que la región se enfrenta a violentas sacudidas”, afirmó Netanyahu.