Vía Crónicas ¿Cuáles son las expectativas que tiene para el sector en 2019, sin perder de vista que es un año electoral y que todos los anuncios apuntan a una desaceleración de la economía? Desde la Cámara Nacional de Comercio y Servicios del Uruguay (CNCS) trabajamos para que el comercio funcione y crezca, porque estamos…

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¿Cuáles son las expectativas que tiene para el sector en 2019, sin perder de vista que es un año electoral y que todos los anuncios apuntan a una desaceleración de la economía?

Desde la Cámara Nacional de Comercio y Servicios del Uruguay (CNCS) trabajamos para que el comercio funcione y crezca, porque estamos convencidos que solo con más comercio el país crece y se desarrolla. No obstante, si nos guiamos por lo que dicen los informes y proyecciones de los equipos técnicos de la Cámara, lamentablemente debemos ser bastante pesimistas. Atentos al Indicador Adelantado de la Actividad Comercial (Lidcom) que emite el Centro de Estudios Económicos de la Cámara, a partir del análisis de los resultados de los primeros tres trimestres, es posible establecer que el sector Comercio y Servicios atraviesa un año 2018 de fuerte desaceleración en su nivel de actividad respecto al año anterior.

Si bien las proyecciones que realizan los expertos de la Cámara para los primeros meses del 2019 indican que el escenario de menor actividad para este sector se va a mantener, la verdad es que prefiero que nuestra característica principal como comerciantes -el optimismo-, prime sobre estos informes.

En ese contexto que hablábamos antes, ¿cuáles son los desafíos que tiene por delante el sector –y sus distintos subsectores-, y cuáles los temas de preocupación?

Por un lado, las ventas caen y los gastos no paran de crecer. En definitiva, los niveles de rentabilidad de las empresas son cada vez más acotados, dificultando su sostenibilidad en el mediano plazo; ese es el resumen, en pocas palabras. Por lo tanto, 2019 nos presenta varios desafíos: algunos globales como el comercio electrónico, la robotización y las guerras comerciales; y otros más locales, como la inseguridad, las relaciones laborales y la competitividad.

En relación a los primeros, con el comercio electrónico, un elemento que a las empresas del sector comercio preocupa es lo que tiene que ver con el ingreso de mercadería al país bajo el sistema de encomiendas. Justamente, los comerciantes entendemos que es una competencia que aumenta año a año en forma importante y que consideramos muy injusta. El Estado está resignando recursos en forma importante al eximir de impuestos a casi US$ 40 millones que ingresan “amparados” por el decreto. Esto significa que el Estado está teniendo una renuncia fiscal muy importante, a lo que se le suma el costo social y económico del cierre de empresas y la consecuente pérdida de puestos de trabajo. Esta es una de las causas directas de las dificultades que han enfrentado muchos comerciantes de diferentes rubros. Cada vez que un uruguayo compra algo por internet, aún cuando lo haga dentro de la ley, está afectando al comercio establecido, que genera empleo en Uruguay y que paga todos sus impuestos, con un efecto similar al del contrabando o el informalismo.

El año pasado presentamos desde la Cámara un estudio que indicaba que el 45% de los ocupados en el sector comercio y servicios tienen un alto riesgo de robotización. Esto significa que casi la mitad de la fuerza laboral del sector está en riesgo de perder el empleo, dado el avance de la tecnología y su incorporación a las actividades económicas de las empresas. Es por esto que desde la CNCS creamos el “Programa de Reconversión Laboral en el marco de la incorporación tecnológica y la sustentabilidad ambiental”, el Pogretec, junto con el gobierno. Este programa tiene como objetivo capacitar y asesorar a los sectores que pueden afrontar problemas por los cambios tecnológicos y razones ambientales.

Durante este año el Programa trabajó junto a 15 gremiales y 150 empresas y así preparar a más de 1.500 empleados ante los cambios tecnológicos que genera la automatización del trabajo por la aplicación de tecnología y para el cuidado del ambiente.

En los pocos meses que lleva de ejecución ha desarrollado estudios, metodología y acciones concretas en empresas de diferentes sectores, regiones y tipos. Algunos ejemplos son los trabajos desarrollados con empresas del sector automotor, salud, financiero, panaderías, hotelería, gastronomía, transporte y seguridad.

A nivel nacional, en cuanto a la inseguridad, no hay actividad comercial posible si no hay condiciones de seguridad para los comerciantes, sus trabajadores y sus clientes. No es un tema sencillo, no es algo que podamos delegar exclusivamente en los gobernantes. La inseguridad pública es el resultado de un complejo proceso social difícil de revertir y con el que, lamentablemente, estamos conviviendo. El deterioro social y los problemas a nivel de la educación, el consumo de drogas y las dificultades para lograr buenos resultados en los procesos de rehabilitación están generando una realidad difícil; si asumimos esto como un dato de la realidad, tendremos que seguir desarrollando estrategias de sobrevivencia. Hay algunas cosas que podemos hacer para disuadir y prevenir situaciones complejas, pero nos duele ver cómo se siguen perdiendo vidas en nuestros comercios y la sensación de impotencia no debe paralizarnos, ni en lo que nosotros podemos hacer ni en reclamar más seguridad a las autoridades. En la Cámara estamos trabajando en este tema y nos ponemos a disposición para colaborar en lo que podamos.

Respecto al tema de las relaciones laborales, desde la CNCS somos enfáticos en decir que el país ha avanzado mucho en materia de derechos del trabajador -y está muy bien que eso suceda-, pero por momentos la híper-regulación o la rigidez de algunas normas atenta contra la existencia de algunas actividades o contra la generación de nuevos empleos. En este sentido, se hace imprescindible trabajar para una mayor flexibilidad laboral que considere características de actividades diferentes, en diferentes lugares y momentos, que obviamente precisan de marcos regulatorios específicos.

Por último, en cuanto a la competitividad, hay un gran desafío de ser competitivos en cada actividad comercial y ser competitivos como país. Ninguna actividad económica es viable sin un componente de comercio. La industria tiene que vender sus productos, los servicios tienen que atraer clientes y los comerciantes tenemos que innovar y buscar la forma de facilitar el acceso a productos de todo tipo, cumpliendo con los clientes, ofreciendo información, calidad de servicio, seguridad, comodidad y así seguir siendo un eslabón clave en el funcionamiento y desarrollo del país. Crear y defender las condiciones para que esa actividad comercial se desarrolle y crezca es nuestra misión como empresarios y como dirigentes empresariales.

El Uruguay de los próximos años o se abre al mundo mediante la concreción de acuerdos de libre comercio, o tiene corta vida. Entiendo que para algunos pueda sonar fuerte, pero quienes venimos del mundo del comercio y de los servicios no vemos otra alternativa a un país de nuestras dimensiones. Es por esto que resulta clave tener una discusión nacional seria sobre inserción internacional con los distintos actores involucrados, dejando de lado cuestiones ideológicas y políticas, donde se reconozcan los beneficios del aperturismo comercial para el desarrollo de la economía nacional y la sociedad.

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